Cholos

’Soy cholo’. Pero no era cholo, era gitano. Esa especie de migración cultural me pareció tan interesante que me puse a recabar toda la información posible al respecto. Aquel hombre no era el único que se presentaba así.



Ciudad

Noviembre 02, 2016 07:58 hrs.
Internacional › USA
Agustín Cadena › Los escribas

Cholos
AGUSTIN CADENA·
MARTES, 1 DE NOVIEMBRE DE 2016
A bordo de un tren, hace un par de meses, un joven y su novia viajaban sentados enfrente de mí. Él tendría unos 25 años, piel morena, corte de pelo a rape, anteojos oscuros y barba de candado. En algún momento se puso de pie y se quitó la camiseta (de los Dodgers) para mostrarle a la chica el tatuaje que tenía en el pecho. Se trataba de unas rosas con espinas y en medio, en diagonal, un letrero en castellano: ’La sangre obliga’. La escena no habría tenido nada especial de ocurrir en Los Angeles o en alguna ciudad de México o de América Central, pero tuvo lugar a bordo de un tren que iba del norte al este de Hungría. Ya me había llamado la atención el hombre por su aspecto familiar (para mí), y lo del tatuaje me sorprendió tanto que le pregunté en español de dónde era. No me entendió. Le pregunté entonces, en húngaro, si sabía qué significaba su tatuaje. ’No se metan con nosotros’, me dijo. No me preguntó si su traducción era correcta. ’Cholo vagyok’, me dijo, y sonrió complacido: ’Soy cholo’. Pero no era cholo, era gitano. Esa especie de migración cultural me pareció tan interesante que me puse a recabar toda la información posible al respecto. Aquel hombre no era el único que se presentaba así. Había —hay— otros cholos como él. Tienen una pandilla. Buscan en internet imágenes y videos de cholos de Los Angeles y los imitan. Para ellos se trata simplemente de una tribu urbana, como los punks o los skinheads. Una tribu a la que ellos se sienten parecidos. Estos jóvenes viven en el este de Hungría, en una región donde se les ha marginado tradicionalmente. La represión y el escarnio de generaciones los han privado de todo elemento que pudiera hacerlos sentir orgullosos de ser quienes son. En este contexto, decir ’soy gitano’ sería sólo echar sal a la herida. Entonces han optado por identificarse con esos otros jóvenes que, al otro lado del mundo, libran una lucha parecida a la suya: la lucha de las minorías en desventaja. Llamándose ’cholos’ se perciben como un grupo fuerte y temible, no exento de glamour cinematográfico. La sangre obliga.

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