Día de muertos

Panoramas de reflexión

Día de muertos


Cultura

Noviembre 01, 2016 09:20 hrs.
Cultura Nacional ›
Luis Humberto Muñoz Vázquez › Los escribas

Panoramas de Reflexión
Días de muertos.
Nuestros vecinos del panteón municipal ya están de fiesta, tanta es su felicidad que se extiende por doquier la estruendosa algarabía anual que causa la víspera de los días de Todos Santos, y es probable que la escuche si observa con muchísima atención en el ensordecedor silencio de los sepulcros de aquel suburbio amurallado. Lo invito a que los vea, o los oiga; con mucha imaginación es posible, unos están sentados en la barda del panteón frotándose los huesos de sus manos, otros, yendo y viniendo por los pasillos o entre las tumbas y la capilla del lugar. Están muy contentos y gustosos, pletóricos de felicidad y alegría de poder pronto volver a ver de cerca a sus seres queridos que los visitarán este año.
Escribir sobre los recuerdos de mis difuntos seres queridos que deambulan por los rincones de mi memoria se me hace una tarea imposible. Son tantas las amenas vivencias que a lo largo de mí apretada existencia sostuve con todos ellos, que me va agradar mucho mejor volver a verlos. Con un poco de imaginación, usted puede hacer lo mismo. Esta época que se avecina es de reflexión y de paz. La distancia que guarda entre su mundo y el nuestro es tan delgada que bien podemos verlos y escucharlos. Viven en nuestra memoria, en nuestro pensamiento, en nuestros recuerdos y aún aquellos que nos causaron algún daño en vida, viven ahora en paz. En verdad le digo, usted al igual que yo puede creer lo que quiera. Pero lo verdaderamente importante es la espiritualidad que nos impregna y rodea, que nos permite mantenernos unidos, en confraternidad universal, con amor y paz. La tradición del Día de muertos se conforma de una basta y rica variedad de celebraciones a lo largo y ancho del territorio nacional, en la que el aderezo principal es la comida o ’banquetes mortuorios’, que adornan los altares en las casas de la mayoría de todos nosotros, desde los jacales más pobres hasta en las residencias más ricas y suntuosas. En todos ellos se espera la llegada de los fieles difuntos para convivir o ’conmorir’ con nosotros en un ambiente de paz, alegría y tradición. Recuerdo que cuando era niño, mi madre me contaba el cuento de dos incrédulos jovencitos que decidieron, a escondidas de sus padres, pasar la noche del Día de Muertos bajo la mesa del altar de las ofrendas, para corroborar la presencia de aquellos seres del más allá en quienes ellos no creían. Al pasar la media noche, estando sus papás ya dormidos, empezaron a escuchar la bulliciosa llegada de un pequeño grupo de alegres y jocosas almas de extintos familiares que empezaron a rodear el altar. Todos los comensales departieron durante algunos momentos, disfrutando de las viandas que ahí se encontraban. Cuando de pronto una de las ánimas preguntó a las demás: ’¿Para quienes serán aquellos dulces y frutas que aún quedan?’ A lo que una le respondió: ’Deben ser de aquellas almitas que están bajo la mesa’. Desconfiados niños que del puro susto ahí quedaron muertos, o bien paletas, como yo de pequeño decía. Sabio e ilustrativo cuento que mi madre me relataba por estas fechas, cuando empezaba a cuestionarla durante la preparación de los alimentos que conformarían el altar de nuestra casa.
El Día de Muertos en nuestra cultura, representa una mezcla, un sincretismo de la devoción cristiana con las costumbres y creencias prehispánicas que se materializa en el tradicional altar de las ofrendas y que enmarca un rito agradable y respetuoso a la memoria de los familiares difuntos, que atraiga sus almas con ricas y variadas ofrendas en las que están presentes sus alimentos y objetos preferidos por ellos en vida; y nada tiene que ver con el Halloween o Noche de Brujas, celebración secular de tradición Celta, propia de las sociedades tribales indoeuropeas de la primera edad del hierro (1200-400 a. C.), y que desatinadamente promueven algunas escuelas primarias y jardines de niños, invitando a que desinformados padres de familia vistan a sus hijos de discordantes personajes fantasmales, que han hecho famosos diversas y taquilleras películas extranjeras, bajo el influjo oscuro de la publicidad que promueve la extensa industria de diversos artefactos tecnológicos ad hoc. Por eso, tenga mucho cuidado con su bolsillo y no se deje llevar por propagandas ajenas que invaden nuestra cultura y tradición. Aunque usted tiene la palabra, sus creencias y festejos son primero. ¿No lo cree usted así Amigo lector? Piénselo un poco. Que tenga un buen día.
Luis Humberto Muñoz V.

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