Los huesos de Antonio


Antonio, todo el día en la calle, vagando, tomando, y de darle mala vida a Jacinta y a sus hijos no se cansaba, pero llegó el día que Antonio abusó del aguardiente...

Los huesos de Antonio

Literatura

Noviembre 09, 2016 10:34 hrs.
Literatura Nacional › México Veracruz
Francisco Morales Reyes › Los escribas

Los huesos de Antonio*
Hace muchos años en el pueblo de Naolinco, existió un matrimonio formado por Antonio y Jacinta, los cuales procrearon siete hijos; pero existía entre ellos un pequeño problema, a Antonio no le gustaba trabajar y además era ’borrachín’.
Debido a tal situación, Jacinta lavaba, planchaba, ayudaba a hacer el quehacer en casas ajenas y los niños más grandecitos, ayudaban haciendo mandados en talleres de calzado y en las tocinerías existentes, era así como sobrevivían y todavía mantenían, al desobligado Antonio.
Antonio, todo el día en la calle, vagando, tomando, y de darle mala vida a Jacinta y a sus hijos no se cansaba, pero llegó el día que Antonio abusó del aguardiente y murió ahogado en él.
Debido a la extrema pobreza de la familia, era obvio que no tenían ni dónde ni con qué sepultarlo, pero con la caridad de los vecinos y un espacio prestado de uno de ellos en el Campo Santo, Antonio fue velado, sepultado y hasta olvidado.
Al paso de unos seis años aproximadamente, el espacio que les fue prestado en el panteón para sepultar a Antonio, era necesario que lo desocuparan, ya que surgió un difunto de la misma familia que en su momento se los procuró.
El señor camposantero de esa época, no tuvo el valor sentimental de arrojar los huesos que quedaban de Antonio hacia la basura o a los escombros, optó por juntarlos y llevarlos a la casa de Jacinta, a ella no le quedó más remedio que recibirlos, al cerrar la puerta Jacinta murmuró:
’hay Antonio, ni muerto me dejas en paz’
A Jacinta, de momento se le ocurrió poner los huesos de Antonio en una vieja olla de barro, al pie de la puerta de la entrada de su casa. No faltó que se supiera tal ocurrencia, que empezó la gente a curiosear la casa de Jacinta y la vieja olla con los restos de Antonio; hubo quienes empezaron a dejar una que otra moneda.

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